July 8, 2022 by

Me observo y escucho

blog-feature-image

La intuición es eso que no se sabe muy bien que es y que te manda mensajes para que veas a través del corazón o las entrañas y que te dicen si hay que ir por aquí o por allá.

Eso que no sabes explicar, una voz que de algún modo te susurra que eso no es para ti, que por ahí no es y que muchas veces acallamos con razonamientos que en el fondo ni nosotras mismas creemos.

Esa sensación de bienestar que te invade cuando estas buscando piso y por fin encuentras uno que encaja con lo que buscas.

Un pálpito que se oye a lo lejos, que hay que sentir y que no solemos escuchar muy a menudo porque nos han enseñado que no vale, que es inservible, que hay que ignorar.

Hace mucho tiempo de eso, de niñas, cuando nos decían qué creer, qué vestir, qué estudiar y muchas de nuestras decisiones las tomaban los adultos. Por eso dejamos de escuchar esa voz, de ver esa luz, de sentir nuestra guía.

Pero no siempre fue así, seguro que recuerdas alguna vez que la has hecho caso. No sé por qué, la vida es insistente, y nos pone en los mismos bretes una y otra vez. Hasta que aprendemos la lección. Y así podemos oir esa voz, porque hemos pasado una y otra vez por experiencias dolorosas, con la familia, parejas, amigas… y entonces llega un día en el que no respondemos ni actuamos de la misma manera. Algo cambia dentro, una pequeña llama que nos hace sentirnos más seguras, y dar el paso, un paso distinto. Un paso que da vértigo porque el cerebro no es amigo de los cambios. Porque los cambios son enemigos de la zona de confort.

Pero entonces lo hacemos, respondemos distinto, cogemos otro camino, damos una respuesta inesperada y escuchamos nuestro interior.

Y se siente una liberación, como si el aire que respirábamos antes fuera denso y de repente conseguimos respirar ligero. Como si soltáramos lastre.

Como si en lugar de respirar con los pulmones, respirara nuestro corazón.

Como si abrazáramos ese corazón y le dijéramos que estamos en un lugar seguro, que el cambio nos llevará a un lugar mejor, como si le diéramos aliento para que pudiera respirar. Y respirar a través de él se siente distinto, más profundo, más sereno, más una misma.

Y para entender que nos desconectó de ese sentir y de ese respirar lo que somos, hay que entender qué nos desconectó. Más bien, quien o quienes.

Porque dicen que los niños y niñas se adaptan a todo, que son resilientes, que mira cómo han llevado de bien y sin quejarse, la cuarentena, el cole en casa, los columpios cerrados cuando estaban abiertos los bares y las mascarillas en el cole y en el patio cuando dentro de los bares no las llevábamos nadie puestas.

Pero no es adaptación por gusto, es porque es una orden, porque nos han enseñado a obedecer desde pequeñas. Porque no nos enseñan a cuestionarnos las órdenes de los mayores. Porque muchas veces no han validado lo que sentimos. ¿cuántas veces te han dicho no llores por esa bodada? O

Por qué te ríes de eso.
No te rías así.
Comparte porque hay que compartir.
Dale un beso a la tía, la abuela, tu hermano …
Tienes que invitarle a tu cumple.
Tienes que ir a ese cumple porque sí.
Hoy se come esto porque yo lo digo.
Pero cómo te va a dar miedo esto.
No hay que tener vergüenza.
Esa ropa no te pones.
Tienes que llevar hoy ese vestido.
No seas tan noña.
No te enfades por esa bobada.
No sé por qué lloras por todo.

Y entonces aprendemos que eso que no sabemos muy bien explicar, que nos dice que esto nos gusta y esto otro no, pues no vale de mucho.

Porque muchas decisiones las toman por nosotros, y entonces aprendemos a ignorar ese sentir.

Lo bueno, es que la mayoría de los grandes aprendizajes en la vida, por lo menos los míos, han sido a base de caer, llorar y volver a caer. Y me han llevado a aprender a observarme y escucharme para volver a conectar con mi esencia, y honrar lo que soy.

Estoy en el proceso de reconocer y poner en duda esas creencias dañinas para transformarlas y verlas desde otra perspectiva y preguntarme si son válidas.

Y he comenzado por escribirlas, y sacarlas de la cabeza. ¿Te apetece comenzar por escribir las tuyas?

Aquí tienes el descargable para escribir tus creencias limitantes… (clic para descargar)

mujer-creencias-limitantes-martamiguel-ilustracion

Me resuenan mucho las palabras de @alexelle que en instagram comparte su camino hacia ser una misma y su sanación, que dice por ejemplo:

En el camino he aprendido que no tengo que pedir perdón por:

  • Lo que siento.
  • Establecer límites.
  • Llorar.
  • Ponerme yo como prioridad. No puedo agradar a todo el mundo ni pensar primero en su bienestar.
  • Sanar a mi ritmo.

Porque durante mucho tiempo nos han enseñado a esconder lo que sentimos. Y todas las emociones son válidas, las buenas y malas.

Alex también escribre sobre como saber si algo es para nosotras:

  • Se alinerá con mi vida de forma clara, no traerá confusión y caos.
  • No tendré que perseguirlo porque no se esconderá de mi.
  • Lo sentiré seguro, fácil y arraigado, no necesitaré convencerlo, suplicar ni forzarlo.
  • No me hará preguntarme por mi valor, me hará sentirte que soy amada y valiosa.
  • Lo sentiré saludable y comprensivo, no tóxico y destructivo.
Cuando algo es para ti lo sabes, no ignores las señales.
Suelta lo que no necesitas, para recibir lo que mereces.
Suelta tus creencias,
las etiquetas que te han puesto,
lo que no te hace bien.
Siente más.
Conecta con tu cuerpo.
Baila.
Medita.
Escribe.
Escucha lo que necesitas.

.

Gracias de verdad por leerme, espero mis palabras sean luz en tu camino.

Marta